Los grandes veleros despliegan velas hacia Waterford
Mientras los grandes veleros se preparan para tomar de nuevo los embarcaderos de Waterford este mes de junio, nuestro bloguero invitado David Power recuerda las imágenes, los sonidos y los sabores que dominan los cuatro días durante los que el grandioso mar se apodera de la tierra.
No todos los días tiene uno la oportunidad de ver el paseo marítimo convertido en el decorado de Piratas del Caribe. Pero eso fue exactamente lo que ocurrió el verano pasado en mi ciudad natal, Waterford. Y os aseguro que los grandes veleros dejaron huella.
Después de ese día, cada vez que entraba en un bar, una tienda o un restaurante de la ciudad, veía a los clientes inclinados sobre los mostradores, gesticulando y recreando el momento en el que los mástiles se deslizaban majestuosamente sobre el horizonte y Waterford se convirtió en el hogar de Barbanegras y bucaneros, y vibró con los cánticos de los marineros. La buena noticia es que a partir del 30 de junio y durante cuatro días, la historia se repetirá. El muelle de Waterford albergará a más de 70 joyas náuticas, cuando los grandes veleros regresen para disfrutar de otra maravillosa estancia en nuestras playas.
Estos cuatro días son todo un festival de música (estoy deseando ver la actuación de la cantante rockabilly Imelda May), comida, fuegos artificiales… y todo lo imaginable. Este recuerdo me llega a través de maravillosas sensaciones, imágenes, sonidos y sabores, que tengo atesorados en la memoria como si de un álbum de recuerdos estivales se tratara. Así que si decides seguir mi consejo y desplegar velas para venir hasta aquí, me gustaría ofrecerte unas pinceladas de todo lo que te espera…
Sabores
Marisco, marisco y más marisco. Bueno, igual no soy imparcial, pero en Waterford encontrarás el mejor marisco del mundo. Recuerdo que cuando llegué al paseo marítimo el atrayente olor de las gambas al ajillo me arrastró hasta el puesto de marisco donde atravesé una puerta imaginaria hacia el paraíso gastronómico. Aunque son muchos los encantos de una elegante comida en un restaurante con estrellas Michelín como The Cliff House, nunca he sido tan feliz como sentado en el muelle con un recipiente de gambas al ajillo calientes y aceitosas. No es obligatorio chuparse los dedos… pero estoy seguro de que por mucho que quieras no podrás evitarlo.
Sonidos
Bueno, la verdad es que no soy lo que se dice un marinero experimentado. De hecho, mi única experiencia real en el agua es viajar en ferry… Y eso fue cuando tenía seis años. Pero acabo de descubrir lo mucho que he echado de menos el romántico sonido de las velas ondeando contra el viento. A medida que esos poderosos barcos se van acercando, la emoción crece, un excitado murmullo corre entre la multitud y los papás levantan a los niños en hombros para que no se pierdan ni un detalle. Y, a pesar de todo ese ruido, lo único que mis oídos captaron fue el delicioso ondear de las velas batiéndose contra el mástil. Lo suficiente para transportar a cualquiera a su propio gran velero…
Imágenes
Una parte de mí cree que un ser superior conoce el momento justo en el que la Regata Tall Ships llega a Waterford. ¿Que por qué? Porque durante esos cuatro días siempre luce un sol espléndido propio de los mares del sur. Mis amigos y yo nos pasamos el día entrando y saliendo de las tiendas y los puestos (los más pequeños están emocionados este año con la idea de acuñar sus propias monedas) y moviendo el esqueleto en medio de la multitud al son de la música en directo y, entretanto, el sol brilla incansable en el cielo calentando el agua y bronceando nuestra piel. Pero, en realidad, es por la noche cuando se obra la magia. El sol va poniéndose hasta evaporarse sobre el horizonte antes de que la luna ilumine los cascos y los gigantescos mástiles de los barcos, que en ese momento parecen salidos directamente de un cuento infantil. Después, y por si esto no fuera suficiente, el cielo se llena de una explosión multicolor de fuegos artificiales y todos nos quedamos allí, con la boca abierta y el rostro iluminado de verde, de rosa, de rojo…
Mis amigos y yo volvemos a casa hablando incesantemente de lo que acabamos de presenciar, gesticulando sin parar e imitando el sonido de las explosiones de los fuegos artificiales. Y después, nos quedamos un rato en silencio, mientras vamos colocando las imágenes, los sabores y los sonidos en nuestro propio álbum de recuerdos estivales. El 30 de junio, cuando los grandes veleros lleguen a la ciudad, volveré a abrir ese álbum y me encantaría que vinieras e hicieras lo propio.


