Irlanda: la tierra de los amantes legendarios
Irlanda es una historia de amor. Las calles de nuestras ciudades y la bucólica campiña son escenarios sobre los que se han representado algunas de las historias de amor más bellas del mundo (e incluso algunas de las mías, aunque creo que este no es el sitio idóneo para contarlas). Nuestros prolíficos escritores han tejido aquí algunas de las proezas literarias más románticas de la historia… basta con leer algunas líneas de Raglan Road de Patrick Kavanagh o de Él desea las telas del cielo de WB Yeats.
Ah, y el paisaje irlandés está salpicado de antiguos castillos y recónditos jardines que ocultan los ecos de historias de amor olvidadas. La Irlanda romántica sigue viva y en plena forma. Lo aseguro. De hecho, los restos del propio San Valentín yacen en la Iglesia de Whitefriar de Dublín.
En honor a este día de sentimientos sinceros, servidor ha decidido compartir las historias más románticas jamás vividas en Irlanda. Quién sabe, a lo mejor te sirven de inspiración para vivir tu propio romance irlandés.
Abadía de Kylemore
Suele decirse que el romance es la tragedia disfrazada, y esas palabras parecen resonar en los altos muros de la Abadía de Kylemore. Al abrigo de las Montañas Druchruach de Connemara, Condado de Galway, la historia de Kylemore es tan trágica como bellos son el castillo y los terrenos sobre los que se asienta. Un hombre llamado Mitchell Henry comenzó a construir el castillo de 13.000 acres en 1867, tras llevar a su amada Margaret a Connemara para pasar la luna de miel. La gran herencia de su padre, magnate del algodón, sirvió para financiar la construcción del castillo de cuento de hadas, que Mitchell quiso convertir en un testimonio de su amor por Margaret. Sin embargo, Margaret murió de repente en 1874, sin ver el castillo terminado. Sin embargo, el amor perdura hoy allí, y puedes ver cómo los visitantes entregan su corazón al romance gótico de los amurallados jardines victorianos y pasean haciéndose arrumacos por los frondosos senderos del bosque… en el aire flota la tierna melancolía de la trágica pérdida del amor.
Amantes legendarios
Ross y Rachel, Catalina y Guillermo, Cú Chulainn y Emer. Bueno, a lo mejor esta última pareja no te suena de nada… ¡pero estás a punto de conocerla! Cú Chulainn es un asiduo de los mitos y leyendas irlandeses, pero esta historia de amor se desarrolló en la provincia del Ulster. Cú Chulainn se enamoró de la bella Emer en cuanto posó sus ojos sobre ella. Emer era la hija del astuto Forgall Monach, que odiaba a Cú Chulainn y le envió a adiestrarse con la mujer guerrera Scathach, seguro de que el brutal régimen de adiestramiento lo mataría. Pero no podía estar más equivocado. El amor de Cú Chulainn por Emer le dotó de una fuerza sobrehumana (sé cómo se siente) y regresó al Ulster victorioso. Aún así, Forgall le negó la mano de su hija. Cú Chulainn terminó por hartarse y asaltó la fortaleza de Forgall, raptó a Emer y robó todos los tesoros de Forgall. Emer y Cú Chulainn se casaron enseguida y, aunque no sabemos dónde pasaron la luna de miel aquí te dejamos una preciosa foto de las Montañas Mourne.
Dublín: la ciudad de los amantes
Después de ver las bonitas cafeterías, las sinuosas calles y los acogedores hoteles de Dublín, seguro que nos perdonarás por compararla con París como escenario perfecto para un encuentro romántico.
Quizá, el poema de amor más bello de Irlanda, Raglan Road, fuera escrito por el difunto Patrick Kavanagh después de espiar a esa muchacha que le robó el corazón en Grafton Street.
Un paseo de la mano de la persona amada por la orilla del Gran Canal te llevará hasta el lugar en el que se encuentra hoy su estatua de bronce, ensimismado sobre el agua. En tiempos más modernos, Grafton Street fue el escenario en el que los personajes de la oscarizada película Once se declararon su amor… con un pequeño teatro improvisado (prometo que es más romántico de lo que parece). Solo un par de calles más allá, yacen los restos del propio San Valentín, en la Iglesia de Whitefriar. Cada año, multitud de parejas casadas se acercan a esta iglesia el día de San Valentín para bendecir sus anillos y garantizar un matrimonio feliz y duradero.
Claddagh, Galway
Con su famoso corazón en el centro, el anillo de Claddagh es sinónimo de romance. Los orígenes del anillo son algo vagos, pero casi todos los relatos coinciden en su creador: Richard Joyes, oriundo de Galway.
A mediados del siglo XVII, Richard salió del antiguo pueblo pesquero de Claddah dejando allí a su amor para ir a las Indias Occidentales a hacer fortuna. Pero los piratas argelinos abordaron su barco y Richard fue vendido como esclavo. De hecho, fue vendido a un rico orfebre que le enseñó el oficio. Años después, cuando el Rey Guillermo III ordenó liberar a todos los prisioneros que se hallaban bajo custodia argelina, Richard pudo volver a Irlanda y reunirse con su amor.
Haciendo uso de sus nuevas habilidades, Richard estableció su propia joyería en Galway y su primera creación fue un anillo para su novia. En él aparece el corazón que representa el amor que sentía por ella, las manos que representan la amistad que compartieron y la corona que representa la lealtad de su esposa durante su confinamiento. Es una bella historia que se revive en Thomas Dillons , el acogedor museo de joyas que se encuentra hoy en Galway. Estos joyeros llevan confeccionando el anillo de Claddagh desde 1750, e incluso han hecho anillos para la realeza.
Si toda esta charla sobre romances te ha despertado el deseo de comprar un anillo muy especial, ya sabes dónde ir.






Me encanta, estuve el año pasado en agosto. Pienso volver este año, son mis raices. Saludos.
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Així que vaig veure el disseny de l’anell em va fascinar sense conèixer la legenda. No vaig parar fins a comprar-me’l
me gustaría poder conocer esa ciudad, todo es tan lindo, espero ir algún día de estos que salga de vacaciones, aunque no tengo ningún conocido allá, pero los conoceré, debe ser una experiencia maravillosa.